Para los chinos el mundo aparece poblado de numerosos dioses y demonios, espíritus buenos y malos, que proceden del yang y del yin. Los dioses a que da culto el estado son normalmente las potencias cósmicas, pero existe también una serie de dioses locales de la casa y la familia. La fe popular consistía en procurar la suerte y defenderse de los encantamientos dañinos.
Desde tiempo remoto el culto de los antepasados representa un papel importante. El culto a los muertos chino posee una serie de rituales complicados que empiezan ya en la fiesta de los difuntos con la invocación del espíritu del muerto. El antepasado pertenece todavía a la familia y está integrado en la vida de ésta.
El culto religioso oficial estuvo desde tiempo inmemorial bajo la administración estatal. Por esto, en la antigua religión china no existía ninguna clase sacerdotal propiamente dicha sino que las ceremonias eran realizadas por el emperador y los funcionarios del estado. Las obligaciones del emperador eran, sobre todo, de naturaleza ética y litúrgica; éste tenía que llevar a cabo la unión con el cielo y la armonía cósmica.
Con lo cual el arte de gobernar y la esencia del estado estaban ligados con estas tareas de culto. El emperador hacía ofrendas, siempre en el solsticio, al señor del cielo, Shang-ti, por lo que era llamado también "hijo del cielo" y se le consideraba como único representante del cielo en la tierra. Los deberes litúrgicos del emperador o rey están acoplados a un sistema de oráculos complicado que se manifiesta ya en los primeros 0hallazgos religiosos de la China, los huesos de
de oráculos. El emperador asumía el cuidado del bienestar de los hombres por medio de la averiguación de la "voluntad celestial" (t'ien-ming). En esto se muestra la conciencia de responsabilidad del cielo, el Cual se preocupa del bienestar de la tierra y de los humanos. Este principio paternalista predominaba en China ya desde las culturas agrícolas y otorgaba al emperador facultades chamánicas: gracias a sus conocimientos éste se aliaba con las fuerzas de la naturaleza y posibilitaba la buena disposición de las mismas gracias a la premonición, es decir, la imitación preparatoria del porvenir en ritos complicados y secretos.
El mítico emperador Fu-hsi y los cinco "emperadores sublimes" que le sucedieron fueron considerados por los chinos como sabios importantes y como intermediarios ante las potencias
divinas. La tarea del emperador consistía por ello sobre todo en la astrología y en una elaboración
del calendario precisa (por medio de su conocimiento del porvenir). Los calendarios debían pre-
pararse para que pudiera ser regulada la vida humana por el cielo.

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