«En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada. Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres.» Juan 1:1-4.
«Palabra» significa «vibración inteligente», «energía inteligente», que proviene de Dios. La pronunciación de cualquier palabra -tal como «flor», por parte de un ser inteligente, consta de la energía sonora, o la palabra sánscrita maya (la ilusión cósmica) significa «la medidora»; es el poder mágico existente en la creación, mediante el cual lo inmensurable Indivisible parece contener limitaciones y divisiones.
vibración, unida al pensamiento, el cual impregna de significado inteligente a dicha vibración. Del mismo modo, la Palabra que constituye el principio y la fuente de todas las sustancias creadas es la Vibración Cósmica [el Espíritu Santo] imbuida de Inteligencia Cósmica [la Conciencia Crística].
El pensamiento manifestado en la materia, la energía de la cual la materia está compuesta y la materia en sí-es decir, todo lo creado- no son sino los pensamientos del Espíritu que vibran de manera diversa.
Antes de la creación, sólo existía el Espíritu indiferenciado. Al manifestar la creación, el Espíritu se convirtió en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
El Espíritu No Manifestado se transformó en Dios Padre, el Creador de toda vibración creativa. En las escrituras hindúes, Dios Padre recibe el nombre de Ishvara (el Soberano Cósmico) o Sat (la pura esencia suprema de la Conciencia Cósmica)-la Inteligencia Trascendental-. Es decir, Dios Padre existe en forma trascendental sin hallarse afectado por ninguno de los movimientos de la creación vibratoria; es una Conciencia Cósmica independiente y consciente. La fuerza vibratoria que emana del Espíritu, dotada del ilusorio poder creativo de maya, es el Espíritu Santo: la Vibración Cósmica, la Palabra, Om o Amén.

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