Actualmente, se suele considerar la filosofía como una materia más de los programas escolares y de discutible utilidad. En realidad, cualquier persona inquieta puede iniciar el camino de la filosofía si se lo propone. A pesar de la veneración de la que gozan las ciencias en nuestra sociedad, son muchos los que siguen pensando que la filosofía aún merece un lugar privilegiado en nuestra cultura actual. Cualquier disciplina puede enseñar a pensar pero ninguna alcanza la radicalidad de la actividad filosófica.
Ninguna otra aspira como ella a convertirnos realmente en seres libres. Libres de querer seguir formando parte de una sociedad y de una tradición que no hemos creado, de elegir el camino que queramos y no el que otros habrán pensado, y capaces de dar un sentido global, aunque sólo seamos parte de él, a este mundo que nos abarca. Es posible que muchos no vean desde un principio este aspecto liberador de la filosofía. Hoy en día, quien sienta curiosidad por esa disciplina tiene pocas alternativas, en apariencia. Uno puede, primero, descubrir las obras de los filósofos consagrados por la tradición.
Es posible que de esa forma pueda sentir lo que representa la originalidad del pensamiento filosófico, pero se corre el riesgo de sentir aquellos razonamientos como artificiales, al utilizar términos tan extraños dentro de
planteamientos anticuados que ya no corresponden a nuestra forma de ver el mundo. Apreciar esos textos exige una iniciación. El otro camino sería entonces la vía universitaria, que, a lo largo de toda una carrera, nos presentará una cantidad impresionante de autores y de teorías sin que sepamos a quién dar la razón. Puede que, llegados a este punto, pensemos que nuestro aprendizaje de la filosofía se ha limitado al estudio de una historia de la filosofía y que nuestra esperanza de encontrar alguna respuesta se ve defraudada. Seria ignorar una característica fundamental de la filosofía.
El filósofo no ofrece juicios definitivos sino una inquietud que hace tambalearse las ideas preconcebidas. Todo filósofo auténtico se reconocerá en su ausencia de miedo ante el reto de cambiar nuestra mirada. La filosofía no pretende sólo explicar cómo es el mundo, sino también que pensemos cómo queremos que sea.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario