La Palabra: la Vibración Cósmica e Inteligente de Dios
La evolución científica de la creación cósmica que surge de Dios el Creador se esboza, en terminologia arcana, en el libro del Génesis del Antiguo Testamento. A los versículos iniciales del Evangelio de San Juan en el Nuevo Testamento se les podría denominar, con justicia, el Genesis según San Juan. Estos dos profundos relatos bíblicos, cuando se comprenden claramente por medio de la percepción intuitiva, se corresponden de forma exacta con la cosmogonía espiritual delineada en las escrituras de la India, legado de los rishis que allí vivieron y que habían alcanzado el conocimiento de Dios en la Edad de Oro.
San Juan fue, probablemente, el má avanzado de los discipulos de Jesús. Asi como un maestro de escuela tiene entre sus alumnos uno cuya comprensión aventajada lo coloca en el primer lugar de su clase, mientras que otros pertenecen a un nivel inferior, así también los discípulos de Jesús el Cristo poseian diterentes grados de capacidad para apreciar y absorber la protundidad y amplitud de sus enseñanzas. De los diversos libros del Nuevo Testamento, los escritos procedentes de San Juan evidencian el más elevado grado de realización divina, ya que dan a conocer las profundas verdades esotéricas experimentadas por Jesús y luego transferidas a Juan. No sólo en su evangelio, sino también en sus epistolas y, sobre todo, en la descripción simbólica de las profundas experiencias metafisicas que se encuentra en el libro del Apocalipsis, Juan presenta las
verdades enseñadas por Jesús desde el punto de vista de la percepción intuitiva interior. En las palabras de Juan hallamos precisión, y por eso su evangelio, aun cuando es el último de los cuatro que se incluyen en el Nuevo Testamento, debería ser considerado en primer lugar cuando se busca el verdadero significado de la vida y enseñanzas de Jesús.
«En el principio...>. Con estas palabras comienzan las cosmogonías tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. «Principio» se retiere al nacimiento de la creación finita, porque en el Eterno Absoluto -el Espíritu no existen ni el principio ni el final.[...]
EI Espíritu, al ser la única Sustancia existente, no contaba con nada más que Consigo mismo a partir de lo cual crear. El Espiritu y su creación universal no podrían ser diferentes en esencia, porque cada una de esas dos Fuerzas Infinitas y eternamente existentes seria, en consecuencia, absoluta, lo cual es imposible por definición. Una creación coherente requiere de la dualidad: el Creador y lo creado. Así pues, el Espíritu hizo surgir, en primer lugar, el hechizo de la Ilusión, Maya, la Mágica Medidora Cósmica', que crea el espejismo de dividir una porción del Infinito Indivisible en objetos finitos separados, de la misma manera que la superficie del mar en calma se distorsiona y se transforma en olas individuales mediante la acción de una tormenta.
La creación no es sino el Espíritu que, en apariencia y sólo temporalmente, se ha diversificado por obra de la actividad creativa y vibratoria del Espíritu.

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