lunes, 19 de octubre de 2020

El propósito de los salvadores


Los salvadores del mundo no vienen con el propósito de fomentar divisiones doctrinales hostiles, sus ensenanzas no deben ser utilizadas para tal fin. Incluso referirse al Nuevo testamento como la biblia cristiana es, en cierto modo, Impropio, dado que no se trata del patrimonio exclusivo, Impropio, dado que no se trata del patrimonio exclusivo de ninguna confesión religiosa en particular. La Verdad se halla destinada a beneficiar y elevar a la raza en su conjunto. Asi como la Conciencia Crística es universal, así también Jesucristo pertenece a todos.

Si bien enfatizo el mensaje del Señor Jesús, contenido en el Nuevo Testamento, y la ciencia yóguica de la unión con Dios, delineada por Bhagavan Krishna en el Bhagavad Guita, como el summum bonum del camino a la realización de Dios, reverencio por igual las variadas expresiones de la verdad que fluyen del Dios Único a través de las escrituras de sus diversos emisarios.

La verdad es, en sí misma y por sí misma, la «religión» fundamental. Aun cuando pueda expresarse de diferentes maneras por los «ismos» de los distintos credos religiosos, éstos jamás podrán agotarla. La verdad tiene infinitas expresiones y ramificaciones, pero sólo se consuma en la experiencia directa de Dios, la Única Realidad.
El sello humano de la afiliación confesional posee escasa importancia. No es la confesión religiosa a la que pertenecemos ni la cultura o el credo dentro del cual hemos nacido lo que nos otorga la salvación: la esencia de la verdad trasciende todas las formas externas. Es dicha esencia la que reviste una importancia fundamental para comprender a Jesús y su llamamiento universal a las almas para que entren en el reino de Dios, que se halla «dentro de vosotros».

Todos somos hijos de Dios, desde el comienzo hasta la eternidad. Las controversias surgen de los prejuicios, y el prejuicio es fruto de la ignorancia. No debemos sentirnos orgullosamente identificados con el hecho de ser estadounidenses o indios o italianos o de cualquier otra nacionalidad, pues ésta es sólo un accidente de nacimiento. Deberíamos estar orgullosos, sobre todas las cosas, de ser hijos de Dios, hechos a su imagen. ¿No es ése, acaso, el mensaje de Cristo?
Jesús el Cristo constituye un excelente modelo que pueden seguir tanto en Oriente como Occidente. La impronta divina que nos identifica como hijos de Dios se halla oculta dentro de cada alma. Jesús ratificó lo que dicen las escrituras: «dioses sois».

¡Desecha las máscaras! Revélate abiertamente como un hijo de Dios, no mediante vanas proclamas y oraciones aprendidas de memoria, ni por medio de los tucos artificiales de eruditos sermones concebidos con el propósito de loar a Dios y reunir adeptos, ¡sino a través de la realización!

Identifícate, no con el estrecho fanatismo disimulado bajo el disfraz de la sabiduría, sino con la Conciencia Crística. Identifícate con el Amor Universal, que se expresa al servir a los demás tanto material como espiritualmente. Entonces sabrás quién fue Jesucristo y podrás decir, desde el alma, que todos formamos parte de la misma familia, que todos somos hijos del Único Dios.

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